PARA REFLECCIONAR SOBRE "LA DÉCADA DE LA MENTIRA"

       

Alguna vez un padre divorciado le preguntó a un psicólogo qué debía contestarle a su pequeño hijo cuando este le hacía preguntas que él consideraba complicadas por el posible daño que le podía hacer al menor la crudeza de la verdad.
 
La respuesta simple y directa fue “dígale siempre la verdad por más dolorosa que sea, la mentira se terminará descubriendo y lo dañará”.
 
Una, la verdad, duele; la mentira, hiere, trae perjuicios y luego no se creerá en nada, ni en nadie.
 
Llevando este ejemplo a la realidad argentina, no es errado afirmar que la década ganada es una cruel mentira.
        
 
Lo más impiadosa  es que es la misma pudo haber sido realmente ganada y se perdió.
 
Estamos llegando a la caída final del telón de un ciclo realmente nefasto para la poceada ruta de la democracia que transita el país.
 
Se pudo salir de la pobreza con que se inició y, por el contrario, los pobres son más.
 
Se pudo con los ingresos extraordinarios habidos, bien administrados, haber renovado la colonial infraestructura que detenta la geografía nacional.
 
Se pudo haber invertido en explotación de energía para aumentar el autoabastecimiento que tenía la nación y, se llegó al extremo de ni siquiera conservar el preciado activo que se tenía.
 
Se pudo reconvertir la decadente educación pública y el aumento presupuestario solo alcanzó  para paliar los magros salarios docentes.
 
Se pudo mejorar la salud pública y solo se llegó a inaugurar, más de una vez, algún hospital que ni siquiera cuenta con el equipamiento moderno necesario.
 
Se pudo hacer una profunda reforma impositiva que repartiera la carga equitativamente y demostrar que los impuestos volvían al pueblo en obras y servicios; y nada se hizo, hasta el ejemplo mostró lo inverso, se dilapidaron y robaron ingentes fondos públicos.
 
Se pudo mirar hacia el futuro y se lucró con una óptica parcializada de la historia, haciendo uso y abuso de  los derechos humanos de muertos hace 40 años atrás; mientras la inseguridad y la drogas van aniquilando vidas a diario.
 
Se enfrentó al pueblo contra el pueblo, diviéndolos entre adeptos al autoritarismo presidencial y considerando enemigos a aquellos que no se arrodillan frente al pensamiento único.
 
Las entidades periodísticas y los periodistas sufrieron como nunca antes había ocurrido en estos 30 años de continuidad democratica. Se creó con montañas de dineros públicos un monopolio estatal o gubernamental de medios para sostener un país irreal; y se llegó a lo más bajo para arrinconar la crítica, eje de un periodismo libre e independiente.
 
Se hicieron polvo los valores sociales y se llegó a destrozar el principio de autoridad que es necesario para la convivencia social.
 
El Congreso fue una dependencia más del Ejecutivo y la justicia entró en un tembladeral que alcanzó en los últimos tiempos hasta la propia Corte Suprema.
 
Las Fuerzas Armadas están deshechas y desarmadas. Las de seguridad viven una crisis profunda, mientras el delito crece y el narcotráfico llegó para quedarse.
 
La oposición está partida en mil pedazos.
 
El patoterismo, el insulto, la difamación se adueñó del relato y contagió burdamente en todo momento y en cualquier programa a los medios masivos de comunicación.
 
La inflación falaz ha acabado de cumplir 7 años y va por más; mientras los índices se disparan para superar el 30% anual en 2014.
 
Las inversiones que llegaron se fueron y lo que pensaban venir siguieron de largo.
 
Hace 10 años las reservas del Banco Central estaban aniquiladas; hoy se está a punto de llegar al mismo escenario.

         

La sociedad indiferente y descreída de todo y todos, hasta desconfía del verdadero estado de salud de la presidente Cristina Kirchner, a quien se le acaba de dar un alta condicional y sujeta a tantas revisiones que no permite establecer con claridad cómo y cuándo podrá reasumir en plenitud la parte restante de su mandato.
 
Como se señala al inicio de esta nota, la mentira hace daño, le dijo el psicoanalista al padre de aquél niño.
 
Los argentinos lo han aprendido, sin necesidad de consultar a un profesional.
 
La crisis que incipientemente se ve venir, se agigantará con el paso de los meses y tendrá características nuevas, distintas a las ya vividas.
 
La que se avecina tendrá matices nunca antes recorridos y llevará décadas revertirla.
 
Desgraciadamente, esto, no es parte del relato sino de una verdad  comprobable con tan solo el transcurrir de los días, meses.
 
Reconocer la verdad, por más dolorosa que ésta sea, ocasionará menos daño que seguir sumergido en la ficcion K.

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